Coches inteligentes

El recurso creciente a las tecnologías de la información permite tener coches sorprendentes que transforman la industria automotriz.

El recurso creciente a las tecnologías de la información permite tener coches sorprendentes que transforman la industria automotriz


El automóvil del futuro ya llegó. En unos cuantos días lo presentarán, en un circuito de Los Angeles, los hermanos Rosen, que no son cualquier persona: Harold es co-inventor de los satélites de comunicación geoestacionarios, y Benjamin llevó al fabricante de computadoras Compaq al primer sitio de los productores de PCs.

Juntos crearon un automóvil revolucionario que funciona con una turbina, como un jet, y se alimenta de un híbrido de gasolina y electricidad. El coche recupera la energía que se pierde al momento de frenar, y puede atravesar la mitad del continente americano -a lo ancho- con un sólo tanque.

O sea: un vehículo rápido que contamina poco. Los hermanos Rosen implementaron sus hallazgos en un Mercedes clásico. De su labor, sin embargo, se desprende un profundo cuestionamiento de las partes constitutivas de un automóvil, tal y como lo conocemos hoy en día: combustible, motor y -pronto- materiales.

Su esfuerzo debe verse dentro del contexto de una renovación generalizada de la industria automotriz. Hace casi exactamente tres años (el 29 de septiembre de 1993), los tres fabricantes más grandes de automóviles firmaron con la Casa Blanca el “convenio para una nueva generación de vehículos”.

Inteligencia y Rendimiento

Algunos de los objetivos de esta asociación son la manufactura de coches más limpios, que consuman menos combustible y que, para el año 2020, sean capaces de atravesar todo Estados Unidos con un sólo tanque.

Mientras esperamos este “hipercoche” -a medio camino entre el cohete espacial y el tren eléctrico-, los fabricantes intentan, cada uno por su lado, producir automóviles inteligentes o “smartcars”, para no desentonar con la moda del momento.

Ya este otoño -por tradición la época en que se presentan los modelos del año entrante- podemos comenzar a dibujar una especie de retrato-robot del supercarro, basándonos en las características aisladas que aparecen en los modelos de distintas marcas y países.

Manifestación de la mutación del automóvil entre la edad de acero y la era de silicón, la mayoría de las novedades se deben al uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y a la proliferación de los microprocesadores.

Los expertos aseguran que los mejores vehículos que hoy salen de las fábricas son capaces de manejar más información que la nave que llevó a Neil Armstrong a la luna en 1969. Lo que resta entonces es organizar todo, conectar las células inteligentes por medio de un verdadero sistema nervioso.

Al momento de la ignición, el conductor de un Continental de Ford puede ajustar 24 variables, para adaptar el vehículo a su gusto personal: temperatura, música, rigidez de la dirección, posición de los asientos y del volante, etc. Los sistemas de auto-diagnóstico avisan cuando algún sector o parte da muestras de debilidad.

Incluso los materiales tienen células grises: la compañía Gentex está probando vidrios que se opacan si hay demasiada luz, o cuando el coche está estacionado en el sol.

Cuestión de Itinerario

Un sistema de posicionamiento elaborado por Rockwell permite al chofer de un Oldsmobile saber dónde se encuentra y escoger su itinerario. Dentro de poco podrá evitar los embotellamientos, ya que recibirá información en tiempo real sobre el estado del tránsito.

Este gadget con el que algunos camiones ya cuentan permite su localización en caso de ser robados. Si se sufre un accidente, basta oprimir un botón para que una especie de teléfono celular se eche a andar y avise del percance.

General Motors, Volvo y Mercedes han perfeccionado sistemas electrónicos de control de estabilidad que, al dosificar la acción de cada llanta y cada freno, aseguran una nivelación sin precedentes.

Los tres grandes de Detroit (Chrysler, Ford y General Motors) han invertido 2 mil 500 millones de dólares y más de 50 mil ingenieros sesudos están tratando de meterle más inteligencia a los coches.

Entre otras aportaciones concibieron radares que indiquen al chofer cuándo puede rebasar, sensores capaces de evaluar las distancias entre los automóviles y que puedan cubrir las peligrosas “zonas ciegas”. Tales dispositivos permiten acortar la distancia entre vehículos sin perder seguridad, si las informaciones llegan a una computadora que puede frenar o acelerar.

Permite aumentar el fiujo de automóviles en las autopistas, una buena noticia para la Federal Highway Administration (la oficina gubernamental que administra las autopistas en Estados Unidos) según la cual los problemas de circulación van a cuadruplicarse para el año 2005, mientras se hace cada vez más difícil construir autopistas nuevas.

Seguridad

Incluso las carreteras serán inteligentes. Equipadas con sensores magnéticos, éstas se asegurarán que el conductor no salga de su carril cuando no debe, que abandone la autopista en la salida correcta, etc.

Los ejemplos anteriores nos señalan varios aspectos de una profunda transformación industrial, que va mucho más allá de la aparición de productos sorprendentes.

El alegre despido de personal, emprendido por los patrones, se da en el marco de profundas reestructuraciones. Producción fiexible y compañías virtuales están de moda. Y las TIC están jugando un papel clave. En cuanto a la producción, el intercambio electrónico de datos entre las computadoras de diferentes compañías permite llevar a cabo proyectos en colaboración.

Incluso la comunicación dentro de la empresa se transforma: el uso masivo de contestadores inteligentes, del correo electrónico y las teleconferencias hacen posible la colaboración entre personas que están en distintos lugares, y permiten formar grupos de trabajo independientemente de las jerarquías.

Los estadounidenses tienen más computadoras, pero su secreto es que aceptan reinventarse para utilizarlas mejor. Unico problema de esta evolución, llevada a cabo con la sensibilidad quirúrgica de un láser: nadie sabe cómo van a reaccionar los usuarios.

Costos

Los coches inteligentes son más caros, o en todo caso volverlos inteligentes permite a los fabricantes no bajar los precios. Además los servicios que ofrecen no siempre son convincentes. Por un lado, no se puede saber si el usuario que tiene dificultades para programar su videocasetera se sentirá a sus anchas sentado al volante de una máquina tan compleja.

Por el otro, para mucha gente el automóvil -por algo se llama así- es un símbolo de libertad personal, un instrumento para gozarla. Quién sabe si estaremos agradecidos de un satélite que nos siga la pista por todos lados, y si aceptemos de buena gana las órdenes de un sensor idiota sembrado en el asfalto.

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